INTERVENCIÓN

Un brasileño llama a hinchar por Argentina

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"Somos países hermanados por un pasado colonial, por las dictaduras y ahora por las extremas derechas", dice el autor. Sostiene que el odio contra Argentina está promovido desde los imperios para subordinar a los pueblos y que La Scaloneta, a diferencia de la selección de Brasil, logró conformar un equipo.

Pocos días después del tricampeonato en México ‘70, Vinicius de Moraes y María Creuza grabaron un show en vivo em Buenos Aires. La presentación empieza com el poeta agradeciendo a los argentinos por el aliento. No hay provocación o ironía: el público aplaude y el espectáculo comienza.

En 1982, Brasil enfrentó a Argentina en la Copa. Fue un partido tenso, que tuvo un penal no convertido contra Brasil y la expulsión de Maradona, frustrado por la eliminación. En la primer Copa del mundo que me acuerdo, el locutor de Red Globo enmarcó el duelo con los lentes de la Guerra Fría. Como sucedía con el voley cuando Brasil se enfrentaba a Cuba, el rival era retratado como enemigo.

¿Qué pasó entre una copa y otra? No tengo hecha una investigación, pero sí una sospecha y una convicción. La sospecha es que la hostilidad fue construida por las dictaduras. ¿Cómo reivindicar el nacionalismo cuando la relación con Estados Unidos es de subordinación? Para eso es necesario crear un enemigo. La convicción es que la desunión entre países hermanos es una construcción que favorece el colonialismo, incluso cultural. Tener miedo al semejante y admirar a los opresores es una disposición afectiva que tiene una larga historia, y está en ascenso en la actualidad.

La desunión entre países hermanos es una construcción que favorece el colonialismo.

Pero existe algo nuevo en la manera como se hincha contra Argentina en esta Copa. La novedad no son las lamentables demostraciones racistas de la hinchada –que felizmente están siendo visibilizadas. La foto de Messi con Trump tampoco parece explicarla –Cuando Harry Kane jugó golf con el mismo Trump. En realidad, la selección argentina se destaca por su anti política: no recibieron a Macri en Qatar, ni fueron a la Casa Rosada ocupada por Alberto Fernández cuando fueron campeones. Me arriesgo a decir que la novedad no está en Argentina, sino en Brasil. ¿Será que detrás de la hostilidad se aloja la envidia? ¿No será una descarga de odio originado en la frustración brasileña con su propia selección?

Existe algo nuevo en la manera como se hincha contra Argentina. ¿Será que detrás de la hostilidad se aloja la envidia?

También en el futbol somos hermanos. Así como los brasileños, la Argentina sufrió con la globalización, la sangría de jugadores y la europeización del futbol. Así como Brasil, los hermanos argentinos todavía no derrotaron una selección europea importante en los noventa minutos en fases de eliminación directa en el siglo XXI. Pero diferente a Brasil, Argentina fue la principal ganadora mundial en los últimos cincuenta años, además de haber brindado los dos más grandes cracks del planeta. En las últimas cuatro ediciones de la Copa, los argentinos llegaron tres veces a la semifinal y si le ganaran a Inglaterra, serán tres veces finalistas. Cuando perdieron en cuartos de final, fue ante la Francia campeona. Diferente a los brasileños, la gloria argentina no está en el pasado.

El mundo corporativo captó este descompás. La publicidad de Mercado Libre Brasil para el Mundial se llamó “de vuelta al país del fútbol”. Citando la película Volver al futuro, Rolando maneja una van que viaja por a los años en que la Selección ganaba Mundiales, y encuentra al pueblo de fiesta. La versión porteña se llama “entrega argentina”. Muestra a un hincha que desee seguir a la selección en este Mundial y decide enviarse por Mercado Libre. La idea se esparce y en seguida se ven barcos llevando hinchas para encontrarse con su equipo del presente.

En el caso de Coca Cola, su propaganda recuerda estadísticas para concluir que Brasil todavía es un país de fútbol: en su lenguaje, “Brasil é essa Coca Cola toda”. La pieza publicitaria argentina es protagonizada por Lionel Scaloni, diciendo que el fútbol cambió y Argentina no disputará este Mundial para ganarlo –lo que serían palabras honestas en boca de Ancelotti, pero en el país vecino, causaría estupor. De inmediato, el técnico aclara: “Vamos a defenderla”. La conclusión es que “Argentina no es un sentimiento. Son todos”.

Más que los resultados en la cancha, la selección liderada por Scaloni conectó con el pueblo argentino. Y también por esa conexión, consigue resultados memorables en la cancha. El equipo que disputa el Mundial 2026 tiene un gran goleador en Messi, que es el jugador que menos se movió entre los 618 atletas del torneo. Aún así, ya hizo tantos goles como Neymar en las tres ediciones anteriores, e incluso malogró dos penales. Sin embargo, muchos brasileños se agarran del Neymar imaginario, “pues es mejor creer o que podría haber sido que admitir la verdad”, como dice el post.

Argentina podría haber perdido con Cabo Verde, con Egipto o con Suiza. Pero las limitaciones del elenco albiceleste fueron superadas en partidos épicos. El equipo más viejo del torneo hace goles decisivos cuando se esperaba que sucumbiese al cansancio. ¿Quién no quiso ser argentino viendo la remontada en los minutos finales cuando perdía 2 a 0, como fue incapaz de hacerlo Brasil? ¿Quién no sitió admiración por el tiro de Julián Álvarez contra Suiza, cuando ni Matheus Cunha ni Endrick marcaron en la fase de eliminación directa?

Entrevistado después del partido contra Egipto, preguntaron a Scaloni si fue él quien indicó a Messi cambiar de posición. Aclaró que fue una decisión de los jugadores, decisiva para la remontada. Después de errar dos penales, ¿Messi volvería a patearlos? Es una decisión suya. ¿Pero quién va a patear en su lugar? El equipo lo va a decidir.

El técnico más joven del Mundial anterior, que tiene por costumbre mirar, preguntar y escuchar, dejó a los jugadores que jugaran su fútbol. En Scaloni Argentina encontró su Telê Santana (director de Brasil en los ochenta). Muchos hilos conectan a este equipo con lo que se identifica como un fútbol argentino, entre el toque fino con la pelota y la entrega, pero también la picardía. Fuera de la cancha, se constituyó un grupo en el cual ser humilde es parte de ser estrella. El resultado es que los fanáticos argentinos se reconocen en esta selección, mientras los brasileños no se reconocen en la suya.

Si fuesen derrotados ante Inglaterra, es impensable que Scaloni mande un auxiliar a dar la entrevista como hizo Ancelotti, al igual que es inconcebible Messi yendo a Las Vegas a disputar un campeonato de póker como hizo Neymar. Puede ser que los argentinos se pongan agresivos en la cancha ante la derrota. Puede ser que lloren, pero si eso sucediese, nadie va a ver en eso una sobreactuación. Porque lo que se ve en el campo de juego es un grupo conectado entre sí, con el torneo y con su hinchada. Muy diferente a la selección brasileña.

Lo que se ve en el campo de juego es un grupo argentino conectado entre sí, con el torneo y con su hinchada.

En este marco, entiendo que la corriente de odio contra los argentinos revela más sobre Brasil que sobre los hermanos argentinos. La rivalidad con los argentinos puede ser vista como colonialismo cultural, pero lo que se ve ahora es algo más. En un país polarizado, en que los estadios son cada vez más reservados a las hinchadas locales, se cultiva una educación sentimental que hace del rival un enemigo. La diferencia es que en la rivalidad, el deseo es ganar, mientras al enemigo, se lo desea aniquilar. A la izquierda, la enemistad se embebe de identitarismo, como si alentar a la Argentina hiciera del brasileño un racista, arriesgándose a la cancelación. Tampoco faltan teorías conspirativas, como si el Mundial estuviese comprado. En conjunto, lo que puede verse es al antiargentinismo encajando en disposiciones afectivas cultivadas en una esfera pública envenenada por el bolsonarismo, también a la izquierda. Es una sociedad emocionalmente regredida, incapaz de encarar sus propias frustraciones y compartir las alegrías del otro, del hermano.

Lo que puede verse es al antiargentinismo encajando en disposiciones afectivas cultivadas en una esfera pública envenenada por el bolsonarismo, también a la izquierda.

Hay además un tufo a colonialismo cultural en quien prefiere identificarse con la civilidad empapada de sangre, que abrazarse con los colonizadores. Se la cuestión fuese el racismo, los tres europeos finalistas constituyeron imperios que forzaron la diáspora negra como esclavizados. En el siglo XX, ¿cómo olvidar el papel de Inglaterra en el apartheid? En la actualidad, la discriminación se actualiza en políticas migratorias racistas en toda Europa.

Hincho por Argentina porque somos países hermanados por el pasado colonial, por las dictaduras y ahora, por la extrema derecha. Sus desgracias también son las nuestras. Y las alegrías, deberían serlo.

*

Fabio Luis Barbosa dos Santos es profesor de la Unifesp y del Prolam-USP. Publicó en Tinta Limón Brasil autofágico. Aceleración y contención entre Bolsonaro y Lula y es coautor de El Salvador de Bukele. En português editó recentemente Saudades do que nunca fomos. Brasileiros e o futebol por la editorial Elefante.

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