RESEÑAS

Un análisis crítico y colectivo de la deuda

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Una de los principales referentes de la corriente del feminismo autónomo italiano reseña "Contra el autoritarismo de la libertad financiera" de Verónica Gago y Luci Cavallero, celebrando su reciente edición en italiano bajo el nombre de "Reclamar futuro" (editado por Ombre Corte).

El libro *Reclamar futuro* [título italiano de Contra el autoritarismo de la libertad financiera] de Verónica Gago y Luci Cavallero (ombre corte, 157 págs., 15,00 euros, cuarto título de la colección «Feminismos»), aborda uno de los temas más centrales del capitalismo contemporáneo: la financiarización de la vida y el papel de la deuda como dispositivo de gobierno de las subjetividades. El libro se presenta como un manifiesto crítico contra la forma en que la retórica de la libertad individual es movilizada por el capitalismo financiero contemporáneo para legitimar nuevas formas de dominio, precarización y empobrecimiento. En particular, las autoras muestran cómo la noción de «libertad financiera» se ha convertido en un dispositivo ideológico central a través del cual el capitalismo contemporáneo entrelaza autoritarismo político, concentración de la riqueza y ofensiva antifeminista.

Uno de los aportes más originales del libro es el análisis de la deuda como tecnología de gobierno de la vida. Las autoras muestran cómo el endeudamiento no es tanto un mecanismo ligado al consumo, sino una condición estructural de supervivencia para amplios sectores de la población. En muchos contextos sociales, sobre todo en América Latina, la deuda se utiliza para cubrir la brecha entre ingresos insuficientes y necesidades cotidianas, transformándose en una forma de captura del trabajo reproductivo: de hecho, alarga la jornada laboral doméstica y, al mismo tiempo, moviliza y disciplina las redes familiares y las estrategias colectivas de supervivencia.

Uno de los aportes más originales del libro es el análisis de la deuda como tecnología de gobierno de la vida.

Al ampliar el análisis de Verónica Gago y Luci Cavallero, surge un nudo teórico importante: antes incluso de preguntarse por qué los individuos y las familias están hoy tan endeudados, es necesario preguntarse quién es realmente deudor en la sociedad contemporánea. Desde esta perspectiva, la cuestión de la deuda se invierte radicalmente. El problema fundamental no es solo la deuda de las familias con las instituciones financieras. La deuda fundamental es también, y ante todo, la que el Estado y todo el sistema económico han acumulado con las mujeres a lo largo de siglos de apropiación del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.

De hecho, el capitalismo moderno se ha desarrollado sobre una gigantesca expropiación: la del trabajo reproductivo. La preparación de la comida, la limpieza de los hogares, el cuidado de lxs niñxs, la asistencia a las personas mayores, el apoyo emocional y relacional que hace posible la vida social se han naturalizado históricamente como actividades femeninas y, por lo tanto, se les ha negado todo reconocimiento económico, político y social. De este modo, una parte enorme del trabajo necesario para la reproducción de la sociedad se ha vuelto invisible y gratuita. Sin este trabajo cotidiano de reproducción de la fuerza de trabajo, que constituye una de las condiciones fundamentales de la acumulación capitalista, ninguna economía sería capaz de funcionar. Sin embargo, a pesar de su centralidad, sigue tratándose como si fuera una actividad natural, carente de valor económico.

Si se adopta esta perspectiva, la cuestión de la deuda adquiere un significado más completo. El Estado, las instituciones económicas y todo el sistema productivo han acumulado una inmensa deuda histórica con las mujeres. Durante décadas —y, en realidad, durante siglos— las mujeres han sostenido de forma gratuita una parte fundamental de las infraestructuras de la vida social. Han garantizado la reproducción de la fuerza de trabajo, el cuidado de las generaciones futuras y el mantenimiento cotidiano de la sociedad sin recibir un reconocimiento económico adecuado.

Esta deuda estructural ha permanecido, sin embargo, completamente invisible. En el capitalismo contemporáneo asistimos a un paradoja cada vez más evidente: quienes han prestado gratuitamente un trabajo esencial a la sociedad se ven hoy convertidas en deudoras. Las familias —y muy a menudo las mujeres que las integran— se ven obligadas a recurrir al crédito para hacer frente a necesidades fundamentales como la alimentación, la salud, la educación o los cuidados. Como demuestran Gago y Cavallero, la deuda se ha convertido en una tecnología central de gobierno de las poblaciones. En muchas sociedades contemporáneas, y en particular en contextos marcados por políticas de austeridad y reducción de los servicios públicos, la deuda representa ya una condición ordinaria de supervivencia. Las personas se endeudan no por consumos superfluos, sino para sostener la vida cotidiana. El endeudamiento actual no es simplemente el resultado de comportamientos individuales o de decisiones económicas erróneas; es más bien la consecuencia directa de un sistema que sigue negándose a reconocer el valor económico de la reproducción social. El resultado es una forma particularmente perversa de extracción de valor.

Las personas se endeudan no por consumos superfluos, sino para sostener la vida cotidiana.

La retórica de la «libertad financiera», que Gago y Cavallero critican con gran eficacia, contribuye a ocultar este proceso. Presentado como un instrumento de autonomía y emancipación individual, el acceso al crédito se celebra a menudo como un signo de libertad económica. En realidad, esta narrativa oculta una transformación mucho más profunda: la transferencia a los individuos —y en particular a las mujeres— de la responsabilidad de garantizar la reproducción de la vida en un contexto de desmantelamiento progresivo de las políticas sociales, es decir, del salario indirecto del trabajo reproductivo.

Desde esta perspectiva, la libertad financiera se presenta como una forma de autoritarismo encubierto. Obliga a las personas a depender de mercados financieros cada vez más invasivos para satisfacer necesidades fundamentales que, en cambio, deberían estar garantizadas por el reconocimiento económico del trabajo reproductivo. Las mujeres son cada vez más pobres a nivel internacional y, precisamente por esta razón, también se ven cada vez más chantajeadas por las deudas a las que deben recurrir, hipotecando su vida y el futuro de sus hijos. El libro de Gago y Cavallero ofrece también una importante contribución a la comprensión de la relación entre el capitalismo contemporáneo y el antifeminismo. Las autoras muestran cómo el ataque a los movimientos feministas es un elemento estructural de la reorganización capitalista, en la medida en que estos han visibilizado el papel central de la reproducción social en la economía. Al mismo tiempo, el volumen no se limita a un diagnóstico crítico, sino que también propone una perspectiva política. Las autoras se sitúan dentro de la experiencia de los movimientos feministas latinoamericanos —en particular del movimiento Ni Una Menos— que han desarrollado en los últimos años prácticas de «desobediencia financiera» y de análisis crítico colectivo sobre la deuda.

El libro ofrece una importante contribución a la comprensión de la relación entre el capitalismo contemporáneo y el antifeminismo.

Este libro nos hace reflexionar sobre el hecho de que, si el Estado reconociera plenamente el valor del trabajo doméstico y de cuidados —a través de políticas redistributivas, servicios públicos adecuados y formas de remuneración del trabajo reproductivo—, una parte significativa del endeudamiento contemporáneo simplemente no existiría. Muchos de los gastos que hoy recaen sobre las familias y se sufragan mediante el crédito derivan, de hecho, precisamente de la ausencia de un reconocimiento público de la reproducción social. En este sentido, la financiarización de la vida puede interpretarse como una nueva fase de la apropiación del trabajo reproductivo. El capitalismo hoy no solo sigue explotándolo gratuitamente y sin pagar las remuneraciones retroactivas, sino que, a través de los mecanismos de la deuda, el sistema financiero se inserta también en los pliegues de la vida cotidiana, transformando necesidades esenciales —alimentar, cuidar, educar, mantener el hogar— en oportunidades de lucro adicional.

La cuestión de la deuda, sin embargo, no puede entenderse plenamente sin reconocer la deuda histórica que el Estado y el sistema económico han acumulado con las mujeres. Mientras esta deuda siga siendo invisible, el discurso público seguirá invirtiendo la realidad, presentando como deudoras precisamente a aquellas que han sostenido gratuitamente la reproducción de la sociedad.

Reconocer esta deuda significa admitir que la riqueza producida por las sociedades contemporáneas ha sido posible también —y sobre todo— gracias al trabajo invisible de millones de mujeres. Significaría abrir el camino a nuevas formas de redistribución de la riqueza y de reconocimiento del trabajo reproductivo.

Publicado originalmente en Il Manifesto.

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*Leopoldina Fortunati fue militante feminista y de Potere Operaio en los agitados años setenta en Italia. Se la considera una de los principales referentes de la corriente del feminismo autónomo, al lado de Mariarosa Dalla Costa, Selma James, Silvia Federici y Maria Mies. Posteriormente profesora de Sociología en la Universidad de Udine, sus análisis se han dirigido a diseccionar las contradicciones de la sociedad de la información, así como los impactos sociales de la tecnología y de los nuevos media. Su libro “El arcano de la reproducción” ha sido considerado una de las obras mayores en el estudio de la reproducción social: un ambicioso trabajo de revisión de las categorías marxistas, que desde una perspectiva feminista logra, más allá de la crítica, una completa reinvención del corpus marxiano.

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