RESEÑAS

Deleuze-Hirose y el devenir nómade

Por|

Reseña de "Los indios de Israel. Una lectura de los textos de Gilles Deleuze sobre Palestina", de Jun Fujita Hirose.

Jun Fujita Hirose escribe de forma meticulosa, amable, clara y contundente. Se hace cargo de una serie de intervenciones de Deleuze entre 1978 y 1991 en las que el filósofo francés critica al sionismo, a la erección del Estado de Israel y donde apoya abiertamente a la resistencia palestina. En comparación con el corpus deleuziano que se discute en la academia, estos serían paradójicamente textos menores.

Sin embargo, Jun exhibe con maestría que estos textos menores son clave para poder leer de manera mucho más compleja y profunda las modulaciones políticas, históricas y discursivas que atraviesan los textos más frecuentados de Deleuze y Guattari: el libro sobre Kafka, El antiedipo, o Mil Mesetas.

Jun nos muestra que la producción teórica deleuziana es indiscernible de la intervención política frente a la urgencia de las conflagraciones contemporáneas. Tampoco se trata de una mera inversión según la cual la filosofía menor subsume a la mayor, sino que ambas se tornan indiscernibles a través de prácticas de territorialización, desterritorialización y reterritorialización. Podríamos decir torpe y esquemáticamente que si la entrevista de Deleuze al pensador palestino Elias Sanbar, o el artículo sobre la grandeza de Yasser Arafat incluidos en este libro desterritorializan a las obras consagradas de Deleuze y Guattari, Jun nos propone una lectura reterritorializadora en la que se dan movimientos tectónicos.

Jun nos muestra que la producción teórica deleuziana es indiscernible de la intervención política.

Hay un término que Giorgio Agamben toma prestado de Feuerbach para describir su propia deuda teórica con Foucault: Entwicklungsfähigkeit. Que sería algo así como la desarrollabilidad de una categoría filosófica, la  potencia que portan los conceptos y las ideas de ser desarrollados. Al reflexionar sobre un autor, al llevar sus conceptos hacia sus posibilidades otras, llegamos a un momento en que no podemos distinguir con claridad cuál es nuestro aporte y qué pertenece originariamente al autor. Es lo que sucede cuando Deleuze lee la filosofía de Spinoza, la de Hume o la de Bergson. Y eso mismo acontece cuando Jun opera sobre la propia escritura de Deleuze. Las fronteras se borran y las distinciones se vuelven inoperantes. Deleuze-Hirose deviene un nuevo territorio que sólo se puede atravesar deviniendo-nómade.

Hablar de los palestinos en términos de indios nos remite al modo en que se entretejen los destinos de indios, palestinos y judíos a propósito de 1492. La conquista de América y la reconquista de Al-Andalus, en las que España consolidaba su poder imperial y buscaba asegurar su pureza de sangre cristiana. 500 años más tarde, y apenas un año después de la publicación de la conversación entre Sanbar y Deleuze titulada “Los indios de palestina”, Mahmud Darwish publica el poema Discurso del indio. El penúltimo ante el hombre blanco, en el que anuda el destino de indios americanos y palestinos.

A Hirose, que también se dedica a la filosofía del cine, no se le escapa que en el film Nuestra música, Jean-Luc Godard convocaba a los indios estadounidenses para que sirvieran de intermediarios entre israelíes y palestinos, durante la Segunda Intifada.

Siguiendo con esta constelación, el exterminio de indios y judíos se cifra también en la figura de Hitler, quien tomó como modelo a la conquista del oeste estadounidense para su guerra colonial en el este europeo. El exterminio de judíos, gitanos y comunistas remite al de los indios americanos. Como una suerte de souvenir genealógico, el cineasta haitiano Raoul Peck señala que las armas imperiales estadounidenses llevan los nombres de los despojados: misiles tomahawk, helicópteros apache y lakota, aviones de transporte hurón o seminola. La lista es más larga.

Pero el devenir-indio alude también a formas de la resistencia y de la revolución que Deleuze supo leer primero en los trabajos del antropólogo Pierre Clastres sobre los tupí-guaraní en Paraguay y que se articulan luego con la cuestión palestina.

El libro de Jun aborda de un modo muy circunspecto, una cuestión decisiva que aqueja a prácticamente a todos los grandes intelectuales franceses de izquierda y postmarxistas desde hace por lo menos 80 años pero que se agudizó luego de 1967: la cuestión palestina. Deleuze es una excepción notable, quizás solo acompañado por Jean Genet, que contrasta con la inexplicable insensibilidad y despliegue de obstáculos epistémicos que mostraron Sartre, Foucault, Derrida, Camus y el propio Levinas, cuyas intervenciones públicas luego de la masacre de Sabra y Shatila se dan de bruces con su ética heterónoma.

Deleuze se dispone a aprender de sus maestros palestinos. se deja enseñar para deconstruir las certezas de la izquierda intelectual.

Deleuze no sólo interviene con textos, sino con gestos modestos pero elocuentes. Tomó a su cargo personalmente las gestiones para dar a luz la Revue d’études palestiniennes,[1] que se publicó entre 1981 y 2008. A diferencia de Sartre, que se presentaba como el gran filósofo que le otorga la ciudadanía francesa a la poesía negra o quien habilita a Frantz Fanon prologando Los condenados de la tierra (prólogo que Josie Fanon[2] hizo quitar en 1967 luego de que Sartre apoyara públicamente la ofensiva relámpago israelí de anexión), Deleuze se dispone a aprender de sus maestros palestinos, lo que impacta en su producción teórica del mismo modo que sucedió con la ontología tupí-guaraní. Es Deleuze quien entrevista a Elias Sanbar, y quien modestamente se deja enseñar para deconstruir las certezas de la izquierda intelectual sobre el exterminio europeo de los judíos y su ceguera sobre el proyecto colonial sionista de despojo de los palestinos.

Además de esta humildad epistémica del filósofo, Jun nos recuerda que uno de los fundadores de la Revue fue Ilan Halevi, un judío francés que migró a Israel-Palestina y que terminó siendo un miembro destacado de la Organización para la Liberación de Palestina.[3]

Jun ensaya la provocación de preguntarse si los israelíes pueden devenir-judío, esto es, si están dispuestos a desterritorializar su ontología colonial. El devenir-judío, o gitano o palestino de los israelíes quizás pueda parecer impensable en este momento, en el que biografías como las de Halevi se hallan olvidadas, quizás en estado de latencia, aguardando su momento de devenir-palestino.

Hirose retoma la afirmación deleuziana de que tanto los palestinos como los israelíes son “pueblos normales”, y que eso remite la deconstrucción del discurso sionista que niega no sólo los derechos de los palestinos, sino su propia existencia. Esto a su vez se vincula con la necesidad de combatir los intentos de hipostasiar y de deshistorizar el exterminio de los judíos europeos y, en virtud de eso, de atacar la ficción de que el estado israelí posee un estatuto especial fuera de toda norma.

Jun señala que el combate deleuziano contra la ficción de la excepcionalidad israelí basada en la supuesta uniqueness de la Shoa debe leerse bajo la figura de la literatura menor de Kafka. El devenir-judío de los israelíes podría ser un ejercicio similar al que llevaron adelante los contemporáneos de Kafka, escritores judíos marginales que hacían literatura gitana, una literatura que consistía en robarse al niño alemán de su cuna. Esos jóvenes judíos cisleitanos no podían hacer otra cosa que mauscheln, trapichear a la lengua imperial alemana, rebajarla, deformarla.

Para deformar la lengua imperial sionista y la colonización de poblamiento que produce mercancías securitarias, Jun lee en Deleuze que son los palestinos los únicos capaces de interpelar a los israelíes para que puedan devenir-judío, es decir, devenir en judío-palestino, tal como lo hizo Ilan Halevi. Historias como las de Halevi permanecen invisibles a la mirada colonial, al igual que la historia de la lengua judeoárabe o las de las sinagogas del Irán contemporáneo, donde se reza por el martirio del Ayatollah.

Jun lee en Deleuze que son los palestinos los únicos capaces de interpelar a los israelíes para que puedan devenir-judío.

Afirmar junto con Elias Sanbar que los palestinos son los pieles roja del Levante, sin dudas remite a los análisis deleuzianos sobre capitalismo, desterritorialización y colonialismo. Pero también apunta a un materialismo radical, para el cual Jun se sirve de una bella imagen poética del senegalés Leopold Sédar Senghor, que propone el devenir-antena en lugar del ojo del conquistador. Este devenir-antena alude a la potencia deseante de la receptividad en contraste con el ojo del amo que ilumina desde la distancia. Donde el colono ve sólo paisaje o mera naturaleza disponible para la apropiación, para el piel roja palestino se trata de ser heredado por la tierra y no heredero de esta. El materialismo radical se encuentra en las generaciones que habitan los huertos y olivos que son arrancados justamente para que los israelíes no puedan ser mirados por ellos. Y a pesar de la devastación, el materialismo radical de la resistencia palestina se expresa en los cientos de miles de desplazados que retornan hacia donde ya no hay huertas ni olivos, como también en los combatientes que en las últimas semanas emergieron desde las propias entrañas de la tierra, en el sur del Líbano.


[1] Revista de estudios palestinos.

[2] Marie-Josephe Duble, luego conocida como Josie Fanon, fue una militante anticolonial y antimperialista de ascendencia romaní. Renunció a la ciudadanía francesa y se unió al Frente de Liberación Nacional argelino. Era filóloga, periodista y analista política. En 1967, fue enviada por el FLN a la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, en Cuba.

[3] lan Halevi se definía a sí mismo como “un judío palestino con pasaporte francés”. Fue asesor de Yasser Arafat, viceministro de Exteriores palestino, representante de la OLP en la Internacional Socialista, negociador con Israel, y portavoz palestino en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

image/svg+xml Tinta Limón Ediciones Tinta Limón Ediciones

Hacé un aporte por este artículo

Seleccionar monto

Selecciona una moneda

También podés hacer tu contribución al alias TINTALIMONEDITA

El pago será procesado a través de La Periférica Distribuidora.